En noviembre era especial, era el día de todos los santos y nosotros debíamos recolectar pétalos de rosas silvestres y unas pocas rosas que se daban en casa, más los copitos de nieve, se iba tempranito a Los Sauces a adornar las jardineras, a la mamita le gustaba, hacer como dibujos con los pétalos de las flores, un año, ya casi de noche, dijo…
–“este año iremos todos al cementerio”-
Quedo la escoba, todos preparando las mejores pilchas y cociendo zapatos, la cosa era ir bien pinteado, la mamita insistía…
–“Los que quieran ir se tienen que levantar al segundo canto del gallo, porque saldremos con noche para llegar a tiempo, yo no voy a despertar a naiden”-
Fue un desorden, fuimos con dos carretas arregladas con sus toldos de colchas de colores, no todos caímos en la carretas pero feliz caminando y métale conversa, no nos dábamos ni cuenta cuando llegábamos a Los Sauces, en ese tiempo nos demorábamos como dos horas en llegar. Salimos con noche del campo y llegamos amaneciendo al cementerio, adornamos las jardineras, nos tomamos fotos de recuerdo y luego la mamita llamo aun señor que ofrecía algo y nos miraba hacia rato de reojos, le dijo…
–“¿qué vendes?”-
El vendedor rapidito le contestó
–“¡Pancito con carne ”-
-“¡ya!”- le dijo –“uno pa’ cada uno”-
Y éramos como 20, el hombre no cabía en si y yo creo le paso el dato al señor que vende helados, porque ligerito llego dando vueltas alrededor de nosotros y miraba como queriendo que la mamita lo llamara. Eran como las dos y la mamita empezó a reunir a su gente dijo…
-“¡ya, empiecen a reunir a todos porque no vamos!”-
Y como nosotros siempre le obedecíamos en todo, ella no permitía que nadie se le quedara atrás aun los varones, que eran los que más costaba encontrar y subir a la carreta, ligerito inventaban algún trámite y la mamita levantaba la voz.
–“¡ya dije, nos vamos todos nada de tramite acá!”-
Así que todos calladitos emprendimos la vuelta con todo el calor y medios con sueños pero había que seguirla no mas, veníamos en la vuelta de los caracoles bajando y ella empezó a dar órdenes…
–“acomoden las carretas a orillas del río porque acá nos quedamos”-
Y empezó a sacar fondo con carne fiambre, pancito amasado, ají molido, vinito y bebidas, hicieron fueguito pusieron las teteras y prepararon los mates. Estuvimos toda la tarde metidos en el río, conversando, riendo, hasta siesta dormimos, cuando empezó a bajar el sol, ella dio ordenes de seguir el viaje. Eran momentos únicos esos, los adultos contando anécdota y nosotros escuchando atentos y riendo, se nos oscureció antes de llegar a casa, fue un día increíblemente mágico.
Maritza Román Gómez
Maritza Román Gómez

hola
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