Yo volví a Santiago y, tuvieron que pasar 7 años antes de volver , al subir al bus, me lleno de interrogantes pensaba, dónde vamos?, Dónde nos quedábamos? .- Pues ya no teníamos casa, la casa donde nos criamos, la casa donde algunos nacieron, ya no estaba para la familia para la cual fue construida, tuvieron que pasar 7 años para enfrentar la realidad que no me atrevía a enfrentar, volver al campo saber y sentir que la mamita no estará, al llegar a Trintre y cruzar al puente Miraflores empieza el nerviosismo de pensar, como estará la casa?, el campo?, los lugares que siempre recorríamos?, el lugar exacto de nuestra casa en el pino que reemplazo a nuestras casitas echas con ramas de culén y el lugar aquel cerca del litre ahí donde Lorenzo, donde Checho descubrió que haciendo pipi ahí en esa tierra roja podíamos hacer lindos cantaritos para adornar nuestras casas, todos en fila hombre y mujeres haciendo pipi despacito para no romper tu cantarito y que fuera el mas lindos, y ese camino hacia la otra hijuela que recorríamos día a día en las noches de verano al peral de don Gregorio, estaba cargadito de peras de agua ,así que había que hacer la visita tradicional de todos los veranos, la mamita parecía adivinar nuestros planes…
-“pobre que los pille yendo a sacar peras, les voy a correr a palos a todos, no quiero mas problemas con don Gregorio”-
Todos calladitos, cuantas veces en nuestras vida nos habrá dicho eso la mamita?, no lo se, solo se que cada veranos fuimos, la adrenalina era más fuerte, sobre todo cuando iba Checho.
Cuantas veces recorrimos ese camino, cuando la mamita nos inventaba el juego que éramos bueyes y que debíamos ir enyugados a la otra hijuela a buscar leña, la yunta que mas leña juntara era la ganadora, Checho como siempre era el que nos arreaba, el nunca se enyugo. Y las tardes de olimpiadas en ese camino, nos caía la noche haciendo las competencias y ella siempre cerca de nosotros observándonos en silencio y cuando veía que el cansancio nos vencía, hacia la magia de sorprendernos.
-“ya en fila que le voy a dar una bebida”-
Nuestras hornillas donde hacíamos el carbón para nuestras casas, ¿aún estarán?, y los cardenales que tantas veces usábamos como maquillaje?, cerca de ahí estaba la hornilla grande donde se paraban los chiquillos a mostrarle el poto a la niebla.
Cuando estaba nublado a la hora del desayuno la mamita decía.
-“ya van a tomar desayuno y los que tengan el poto negro se lo van a ir a mostrar a la niebla para que se asuste y se vaya”-
Nosotros mirábamos a los que eran negritos, calladitos pues era una orden de la mamita y había que obedecerle, terminábamos el desayuno y acompañábamos a los elegidos ahí arriba de la hornilla y claro al rato después la niebla se iba y pensábamos que la habíamos asustado, ya de adulta me doy cuenta que la niebla siempre se va después del medio día, como se debió reír de nosotros , y su cuento de los gatos, ella nos decía que en agosto los gatos gritan porque le duelen las muelas y las veces que nos hizo seguir los aviones y gritarle avión tráeme un hermanito, todos gritando lo más fuerte que pudiéramos y cuando se nos caía un diente nos hacia ir al patio del lado de arriba y ponernos de espalda a la casa , cerrar los ojos y decir ratoncito, ratoncito tráeme otro diente mas bonito y teníamos que tirarlo arriba del techo , ahí quedaba nuestro diente entremedio de las tejas ... la nostalgia se hacia cada vez mas profunda y la emoción me inundo, al llegar cerca de la casa de los Moras por entre los Álamos se puedes divisar la casa, ahí sigue, majestuosa en el cerro como si nos esperara, la ansiedad es cada vez mas profunda, una mezcla de miedo, tristeza y una sensación de que voy hacer cuando me baje del bus, que haré primero? ... me quedé en la casa de la tía nena, que esta cerca de las vegas y desde ahí miro como queriendo ver una señal, no se, una luz, una imagen en la ventana de la cocina, algo que diga estoy aquí; cuesta tomar la decisión de atreverse a subir y enfrentar la casa, el patio, el descanso y todo lo que ellos significan.
Tome una vela y camine hasta llegar al descanso, la prendí y dije.
-“mamita estoy aquí”-
Era una sensación extraña, frío, miedo, era casi como no estar ahí, estar pero no estar, quise recorrer la casa por fuera, camine despacio alrededor de ella , la sensación de frío era cada vez más intensa y recorria todo mi cuerpo y el miedo, era como si alguien estuviera conmigo en cada paso que daba, resé y me fui ... desde ese año siempre que puedo vuelvo, antes tocaba las puertas y le decía que me invite a tomar once .- Carmelita estas ahí, vengo a tomar mate.- y cada vez fue menos el miedo y eso triste se volvió alegría de saber y entender que ella vive en todo eso que me dejo.
Se que al leer esta letras vienen a la mente de todos nosotros eso días en que vivir era una aventura continua, se vienen a nuestra mente todo lo que ella fue para nosotros y se que quisiéramos que por un instante, ella viniera y poder verla, abrazarla y decirle…
-“te amo mamita vieja te amo...gracias por ser la madre que fuiste, gracias por una niñez feliz…gracias por hacer de cada uno de nosotros, seres humanos de lucha, de esfuerzo, gracias simplemente por existir, porque fuiste real, porque tuvimos la dicha de vivirte, de disfrutarte, de tocarte, de mirar tus ojitos triste día a día y ver tu sonrisa con cada travesura nuestra, ahí te quedas por siempre mirándonos, desde tu casa, cada vez que volvamos al campo ahí estarás esperando por nosotros, tengo la seguridad de eso y aunque no te podamos ver, se que cada instante de nuestras vidas nos estas acompañando ”-
Maritza Román Gómez
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