viernes, 10 de mayo de 2013

LA CASA NUEVA

La mamita estaba muy triste, se sentaba en descanso o en el aromo solo a llorar, sacaba de su delantal su pañuelito y secaba sus ojitos mientras decía “mi pobre hija, mi pobre hija” un día mientras estábamos todos juntos en la cocina dijo…
–“ya no quiero estar mas en esta casa que me quito a mi hija, mañana mismo la desarmo y empezamos hacer otra casa, ¿Lorenzo me fabricas otra casa?”-
-“cuando usted diga doña Carmela”-
-“ya mañana quiero que hagan un galpón y vamos a cambiarnos todos ahí y esta casa desaparece de aquí”-
Nosotros mirábamos y ella seguía…
-“vamos a tener una casa de ladrillos, la quiero de ladrillos, con piso de madera y con cielo raso y vamos a tener mas dormitorios y la quiero con hartas ventanas y dos comedores y vamos a comprar una cocina a leña”-
Nosotros la mirábamos como diciendo ¿como vamos a desarmar una casa buena? pero así fue, como era tiempo bueno hicieron algo así como una gran pieza forrada con tapas, era casi como una tienda de campañas y ahí pusieron todas las camas juntas, era una pieza enorme, ahí estaba todas nuestras cosas la ropa y todo, solo dejaron en la otra casa una pieza para los varones, lo demás todo se desarmo, todos ayudábamos acarreando ladrillos, debe a ver empezado en octubre o noviembre mas menos, porque en enero para la novena de San Sebastian estaba bien avanzada, estaban los dos comedores ya bien cerrados y las piezas a media, esa novena fue la primera fiesta en esa casa; ese año vino la señora Malvinas con Joel que era un joven enfermo , los primos lo molestaban mucho y lo hacían enojar y el que era reenamorado cuando se sentía atacado se ponía violento, tuvieron que quietarle a toño, casi lo mata con un cuchillo y la señora Malvinas sin soltar el mate, vaciaba las teteras y conversa que conversa
–“no ves pues hija, así no mas con la cosa, hay señor estos jóvenes”-y su Joel tenia la embarrada.


En esa casa recuerdo que un día en la noche nos quedamos con la tía Janet escuchando el festival de viña, el año que gano Fernando Ubiergo con el Tiempo en las Bastillas y la mamita ya se había ido a dormir eso pensábamos nosotros, seguro sintió nuestras risas y cantos, solo sentimos su voz y nos volvimos a mirarla, su voz firme y con mucho cariño nos dijo…
-“para el próximo año les voy a regalar una tele, para que vean a los artistas, como son”- y nosotros nos miramos, quedamos perplejos y porque no decirlo dudamos.
Pero como siempre ella el próximo verano nos sorprendió, ahí estaba la tele prometida, era en  blanco y negro de esas chicas que funcionaban a baterías, y era de color amarillo. Ese año para el festival de viña se lleno la casa, vinieron los vecinos, parecía cine y ella era feliz de ver su casa llena de gente y porque no decirlo orgullosa de lucir su compra.
La pasábamos bien con esa tele, a veces no se veía nada, entonces le tocaba a uno subirse al techo a mover la antena y los otros gritaban “ahí...ahí déjala ahí...” casi siempre era Checho el que subía, cuando no se lograba señal se aburría y decía…
-“ya no muevo ni una wuea ma. de antena que venga otro”- entonces el elegido era Chelo, cuantas veces engañamos a la mamita con que jugaba Chile y ella que no era lesa a cada rato preguntaba
–“y ¿a qué hora juega chile?”-
-“ya viene mamita ya viene”-
y al final suspendieron el  partido de Chile y ella alegaba…
-“gastamos baterías por las puras no más, ¿no seria mentira que jugaba chile?”-
-“No mamita, si lo suspendieron”- replicaba Checho ya apunto de ponerse a reír.
En esta casa nueva vivimos cosas hermosas, ya el piso no era de tierra, las ventanas del corredor y la galería del comedor dejaban entrar la luz por todos lados, ya no era esa casa alta y oscura, la cocina era grande espaciosa, compro la cocina a leña, puso un lavaplatos a pesar de no tener agua dentro y le puso ventanas por todos lados ya no tenia la necesidad de mirarnos del aromo, se paraba en las ventanas y sabia enseguida cuando íbamos escondidos a la mula. Mandó a hacer un brasero redondo enorme y lo ponía cerca de su mesa del mate y en las noches todo alrededor del brasero escuchábamos sus historias o las cosas nuevas que ella veía en el pueblo cada vez que viajaba, la novela que estaban dando, como antes que nos contaba sobre la mucha italiana viene a casarse, si hasta nos compro el nogplay de angélica María porque salía la canción de la novela.
        
                                              Maritza Román

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