Aun cuando cierro los ojos su presencia viene a mi, siempre viendo que todo este resultando en casa, siempre dando ordenes, sus vestidos largos con su cigarrito siempre en la mano y suspirando, siempre suspirando, aun puedo verla sentada en el descanso con su palito de coligue al lado, esperando a la visita que llegaba, en la micro, fue tanto lo que ellas nos dio, nos hizo niños felices, nos hizo sentir personas. Nunca voy a olvidar la ultima vez que la vi., fue en julio del año 1994, estaba todo revolucionado porque la Meche se había ido de casa, creo no fue el mejor momento de ir a visitarla, era todo un caos, estaba todo cambiado, ya esa mamita alegre dueña de si, en ese instante no estaba, yo había ido a verla ya que pronto tendría que viajar con Oscar a Santiago y en el momento de despedirme, ella se acerco a mi, seco sus lagrimas con su pañuelito, y me dijo…
-“tan lejos que se va hija, no va alcanzar a llegar cuando yo muera”-
Me dio tanta tristeza que le di un gran abrazo
-“no diga esas cosas. Mamita, usted sabe que yo la quiero mucho, si alcanzo, vengo a verla antes de irme”-
Y ella me miro apenada
-“no va poder venir hija, no va poder venir”-
Y así fue, Oscar adelanto el viaje y no pude ir a despedirme de ella, nunca se me borro esa imagen, su pelo blanco amarrado en una moñita su falda negra su delantalcito, su pañuelito arrugado y su carita de tristeza, como pidiendo “no me dejen sola…no me dejen sola”, y a veces tengo esa sensación de aun estar en deuda con ella, nos dio tanto, hizo de nuestra vida un día a día lleno de magia, nunca negó un plato de comida, no importaba cuantas personas fuéramos siempre había comida para todos e hizo que nuestro diario vivir fuera algo inolvidable…
Mercedes del Carmen era su nombre, pero todos la conocían como la señora Carmela, para nosotros la mamita vieja…. No sabia leer, pero nadie era como ella, en las cuentas… gustaba de levantarse al segundo canto del gallo y recorría los patios diciendo cosas en voz altas, aun cuando el sol ni rayaba…. su voz era firme , de mando, todos le obedecían , en su casa no se pasaba hambre, ni pena, ella no necesitaba un motivo para poder celebrar, no fue fácil cuidar de una familia numerosa y vencer los dolores , las enfermedades y muchas veces la falta de fuerza para seguir, aún así nunca se dejo doblegar, algunas la conocían como la medica de Guadaba y tenía fama de ser la mejor, mucha gente llegaba a verla por distintas dolencias, arreglaba huesos, atendía partos, sabia el uso de cada hierba en el campo y con su margarita(guitarra) ayudaba a las personas en cosas de malos espíritus. Cada momento vivido con la mamita vieja, fueron momentos llenos de magia.
Maritza Román Gómez







